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Querida
Raquel:
Me
ha sorprendido mucho tu mensaje primeramente porque considero
que hubiese sido más natural y conveniente que me dijeras esto
en una conversación en la oficina, y en segundo lugar,
porque me temo que no estoy en absoluto de acuerdo con tu queja
de mí. De hecho, siempre que salgo de la oficina para
ir a casa, apago todos los aparatos que utilizo. Tanto
los eléctricos, como los electrónicos. Realmente, estoy
muy segura de que no tengo culpa porque no soy una persona descuidada,
y mis compañeros lo saben. Sin embargo, es posible que
alguna vez lo hayas encontrado así como dices, ya que
hay personas en la oficina que utilizan nuestros despachos y
aparatos . En resumen, siento sinceramente este malentendido,
puesto que no quiero causarte mala impresión en mi trabajo.
Por último, a ver si te parece que hablemos mañana de
lo anterior directamente y con más tranquilidad.
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