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Actualidad Cultural

VINCENT VAN GOGH. LOS ÚLTIMOS PAISAJES

El Museo Thyssen-Bornemisza se viste de gala para presentarnos una espectacular exposición que tendrá lugar desde el 12 de junio y hasta el próximo 16 de septiembre, dedicada al maestro holandés del neo-impresionismo, Vincent Van Gogh.

Nacido en 1853, en el seno de una familia de clase media, no mostrará su verdadera vocación hasta haber cumplido los treinta años. A pesar de ello, resulta ser un artista muy prolífico, produciendo más de ochocientos cuadros en sus nueve años como pintor, aunque su inclinación hacia el mundo del arte comenzó a los dieciséis. Será en 1882 cuando realice su primer trabajo, “Muchacha bajo los árboles”, y unos años más tarde conocerá a dos grandes maestros: Toulouse-Lautrec y Gauguin, estableciendo desde ese momento un estrecho contacto con los impresionistas.

La muestra que podremos visitar en el Museo Thyssen se encuentra dedicada a los últimos trabajos que el artista llevó a cabo durante su estancia en Auvers-sur-Oise, localidad cercana a París en la que Van Gogh vivió los últimos meses, antes de poner fin a su vida. Además, también contará con la presencia de seis cuadros de otros tres destacados artistas, precursores suyos, como Daubigny, Pizarro y Cézanne.



Durante su estancia en Auvers, Van Gogh realizó unas setenta pinturas, un dibujo y un grabado. Como él mismo le escribía a su querido hermano Theo, “Estos días trabajo mucho y deprisa; al hacerlo así trato de expresar el paso desesperadamente rápido de las cosas en la vida moderna”. Esto quedará reflejado en una magnífica ejecución pictórica arrebatada e impulsiva, aunque algunos de sus trabajos también transmitan una gran serenidad.

Para comprender esta última parte de su obra es necesario recordar que Van Gogh llega a Auvers-sur-Oise después de haber sido expulsado de la institución mental de Saint-Rémy para ser tratado en esta localidad por el médico Paul-Ferdinand Gachet que, a su vez, se convierte en una de las figuras más importantes en la vida del artista.

En Auvers se produce también un reencuentro con los paisajes de su juventud y, de igual forma, con los grandes paisajistas. Desde un punto de vista estilístico, esta etapa no supone realmente una ruptura con el periodo anterior, aunque se encuentre en plena evolución. Sí se puede destacar, no obstante, el hecho de que atendía menos a los detalles naturalistas. Su trazo se multiplica y se retuerce produciendo espectaculares movimientos y detalles curvilíneos de gran vitalidad y dinamismo. Por otro lado, el dibujo a color, siempre tan característico del pintor, principalmente en su última etapa, pasa de atender a detalles meramente naturalistas a convertirse en algo dinámico y acompañado de una enorme vitalidad para mostrarnos todos los aspectos de la vida rural, desde las chozas, calles y caminos, hasta las riberas y trigales. Lleva a cabo, por lo tanto, un intento de síntesis en la que combina magistralmente lo “pintoresco” y lo “tradicional”, como las fantásticas casas de paja, y el color moderno, produciéndose una simbiosis entre las dos grandes etapas de su carrera.

El museo expondrá treinta de estas obras: veintisiete pinturas y tres dibujos. Entre ellas, podremos ver tres de sus más espectaculares pinturas: “Paisaje al atardecer” (procedente del Museo Van Gogh de Ámsterdam), “Dos figuras en el interior del bosque” (cedida por el Cincinnati Art Museum) y “El jardín de Daubigny con un gato negro” (del Künstmuseum de Basilea). En fin, una gran oportunidad para ver una muestra irrepetible de este gran genio y maestro de la pintura.

 

Águeda Alba Méndez

 

 

 

 

 


 
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